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ARREGLOS FLORALES Y ORNAMENTACIÓN




Ambientar:

Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua que ambientar es sugerir, mediante pormenores verosímiles, los rasgos históricos, locales o sociales del medio en que ocurre la acción de una obra literaria, de cine, radio o televisión. Proporcionar a un lugar un ambiente adecuado, mediante decoración luces, objetos, etc. Adaptar o acostumbrar a una persona a un medio desconocido o guiarla u orientarla en él. Nosotros nos quedaremos con la segunda acepción de la palabra ambientar. Podríamos definir que ambientar una iglesia, o mejor aún, el espacio celebrativo debe buscar que éste sea un lugar adecuado para que las ceremonias que en él se desarrollen puedan realizarse con tal dignidad que comuniquen su fuerza a los que en ellas participan. Pero también en otro sentido, adecuar de tal forma el espacio celebrativo que ayude a que los fieles se predispongan a una participación plena y consciente. A ello ayudarán las flores, la iluminación las velas los tapices, la música, los carteles, etc. Y la misma disposición de los elementos necesarios para la celebración: altar, sede, ambón, lugar de la asamblea, etc.

¿Por qué ambientar la iglesia?

El lugar donde se reúne la comunidad cristiana para la celebración de la Eucaristía y los demás sacramentos toma su nombre de la misma realidad de grupo. La palabra con la que se denomina al grupo, de creyentes reunidos en torno a Jesús como cabeza (en griego, ekklesia) pasa a denominar también el lugar donde se reúne, alejándose así de la palabra “templo” utilizada por el mundo pagano. Hay, pues, una especie de simbiosis entre el lugar y la misma realidad de grupo lo que de alguna forma contribuye a que el lugar sea expresión de la misma comunidad que allí se reúne. Y si el lugar de reunión es, de alguna manera, reflejo de esa comunidad reunida, no es de extrañar que siempre haya habido un deseo de ambientarlo de tal forma que la comunidad expresa lo que es y siente, y la misma ambientación ayuda a la comunidad a expresarse y a interiorizar lo que celebra, vive y comparte. Además el beneficiario último de la ambientación de los espacios litúrgicos es el mismo Pueblo de Dios que se reúne en ellos para celebrar el misterio de Cristo y la obra de salvación, pero es también cada fiel que busca un lugar favorable para su plegaria personal y su devoción. Podríamos incluso hablar de que la ambientación y decoración puede ser una catequesis para muchos hombres y mujeres que visitan nuestras iglesias y nuestros templos. La ambientación no sólo habla de la comunidad, sino que también ayuda a la comunidad. Expliquémonos mejor. No es lo mismo entrar en una iglesia donde todo está limpio, recogido, ordenado, que entrar en un templo donde vemos dejadez en las cosas, desorden en el ambiente. Y no es sólo por cuestión económica. Hay cosas que no cuestan mucho dinero y sin embargo no se hacen. Tener recogido el Altar, sin dejar todo en desorden no vale dinero, ¿o sí? Y sin embargo muchas veces vemos sobre el altar demasiadas cosas. No es igual entrar en un templo a orar, o hacer una visita o llegar un poco antes a la celebración y encontrarme una iluminación adecuada, una música inspiradora, unos detalles que “hablan” del tiempo litúrgico o de la celebración que va a comenzar, que llegar a una iglesia oscura, donde las luces se encienden en el mismo momento de comenzar y donde el sonido de fondo son las voces que llegan desde la sacristía a los pasos que resuenan en el eco de la nave de los que van llegando después que nosotros. Todo ayuda a que la celebración que se va a realizar penetre en lo más profundo de cada uno. No sólo la brillante homilía del sacerdote, ni las esmeradas moniciones del grupo de liturgia. También la acogida y el ambiente hacen mucho. La celebración litúrgica está fuertemente condicionada por el marco en el que se desarrolla. El lugar que ocupamos, el espacio donde nos movemos, forma parte de nosotros mismos como expresión de nuestra corporeidad. La ambientación habla de la comunidad a los que no son de la comunidad. Lo mismo que la decoración de un hogar habla de la familia, o de las personas que lo habitan, la decoración de un templo, la ambientación, habla de la comunidad y del sacerdote que la preside. Una de las tareas del equipo de liturgia de cada parroquia, tendría que ser precisamente plantearse esta pregunta: nuestra iglesia, nuestra casa… ¿qué dice de nosotros?

Si quieren sumarse y participar/colaborar, acérquense al Equipo de Liturgia, serán muy BIENVENIDOS/AS